Cómo escoger un instrumento musical (II)

Una vez que nos hemos hecho estas preguntas podemos entrar a valorar otras cuestiones:

1.- Necesidades corporales
Para edades tempranas lo mejor (además de cantar) es escoger un instrumento que pueda soportar físicamente, hay veces que existe una familia de instrumentos más pequeños con los que poder empezar desde edades anteriores a los 8 años, como el violín, que los hay de diferentes tamaños adaptándose al crecimiento del niño. Podemos tener en cuenta también la estatura familiar y circunstancias tan elementales como si se muerde las uñas (la guitarra precisa de uñas) o si tenemos la intención de ponerle ortodoncia o aparato en los dientes (algo que resulta difícil de conjugar con algunos instrumentos de viento como la trompeta). 

Debemos valorar también la capacidad pulmonar si estamos valorando un instrumento de viento o la fuerza física si se trata de un instrumento grande y pesado.

 

2.- Personalidad y aspecto social

Es también sano plantearse si la persona, niño o adulto, está preparada para pasar muchas horas de soledad estudiando o si lo que se busca precisamente es compartir música con otros compañeros. En un principio, un niño extrovertido disfrutará más en una banda o en una orquesta que tocando el piano. Hay instrumentos más sociales que otros y valorar esto también es importante. Habrá personas que, en cambio, prefieran disfrutar en soledad del instrumento sin someterse a horarios.

Black clarinet lying on closing grand piano

 

3.- Ajusta el instrumento a tu vida, no al revés

Tocar un instrumento musical requiere practicar muchas horas con regularidad. Hay que tener en cuenta también dónde puedo practicar, si vivo en un piso y voy a estudiar trompeta seguramente tengo un problema. Existe legislación al respecto que podemos consultar. Hay conservatorios y academias que poseen aulas de estudio en las que podemos estudiar.

Si me voy asiduamente a otra ciudad por un periodo determinado de tiempo (un veraneo por ejemplo), también debo pensar en si puedo transportar mi instrumento o tener otro allí para darle continuidad a mi estudio.

 

4.- Curva de aprendizaje musical

Todos los instrumentos son difíciles especialmente si se les dedica poco tiempo de estudio pero existe algo que llamo la Curva de Aprendizaje Musical. Esto es: hay instrumentos que en sus inicios son más amables a la hora de conseguir ciertos resultados aunque luego, ya a cierto nivel, se complican sobremanera, sobre todo si entramos en un nivel competitivo, como el clarinete, el piano o la flauta. Por el contrario, hay instrumentos que en un principio cuesta mucho obtener resultados aceptables y en cambio llegados a cierto nivel no competitivo podemos establecer una “terraza” en la curva de nivel de dificultad como la cuerda frotada.

5.- Experimenta la música

Puede ser una buena medida probar un instrumento por un tiempo, uno que te puedan prestar (hay academias que ayudan en esto) y así poder decidir mejor si podría ser tu instrumento. Asiste a conciertos y escucha música de ese instrumento.
Determina el nivel de sensibilidad y de afinidad que tienes con su sonido. Si eres una persona tranquila posiblemente te satisfaga más un instrumento de sonido suave o incluso grave, la intensidad y la altura del sonido afecta sin duda al bienestar que podemos sentir con un instrumento.

Una vez escogido es interesante sentirnos identificados con él, especialmente un niño, que le aporte un extra de entusiasmo a la hora de practicar.

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