Cómo escoger un instrumento musical (I)

A la hora de escoger un instrumento musical nos surgen muchas dudas y hay bastantes aspectos que seguramente no tendremos en cuenta a la hora de valorar, este artículo pretende ayudarte a conseguir una idea más global de lo que debes de tener en cuenta. 

A diferencia de la mayoría de artículos que hay en internet sobre este tema, el que aquí escribe ha tocado en concierto con una decena de instrumentos musicales diferentes, como solista o en diferentes conjuntos, desde la música de cámara a la orquesta o la banda sinfónica, así que lo que aquí voy a referir realmente lo escribo desde la experiencia personal. No circunscribo este artículo a la música clásica ni a los instrumentos de conservatorio ni a una edad concreta porque para empezar a tocar nunca es tarde.

guy with violon

La música aporta innumerables beneficios personales para el desarrollo de la creatividad, la inteligencia o la memoria, entre otros. Esto es especialmente importante en las edades tempranas, aporta también empatía, disciplina, sentido de equipo, afán de superación, orden…

El canto, a solo o en coro, es un fantástico comienzo para estimular las habilidades musicales, para todas las edades, ya que después trataremos hacer cantar a un trozo de madera con cuerdas o con baquetas. Antes de entrar en considerar un instrumento es un buen comienzo hacerse unas cuantas Preguntas preliminares:

1.- ¿Qué repertorio me gusta?
Escoger un instrumento que se adapte al tipo de música que queremos hacer es básico, si nos gusta el jazz el contrabajo, el piano, el saxo o la percusión son buenas elecciones.
2.- ¿Disfruto tocando solo o en grupo?

Personas que necesiten el contacto social permanentemente deberían apostar por un instrumento de banda o de orquesta. Por el contrario, personas más introvertidas, que disfruten de su soledad personal posiblemente encontrarán mucho placer tocando el piano o el órgano, que aunque en ocasiones comparten conciertos con otros instrumentos es cierto que realizan muchas horas de estudio en solitario.

Una vez realizadas estas preguntas podemos plantearnos el grados de versatilidad que queremos tener a través de nuestra elección. Hay instrumentos que como el piano que tienen mucha presencia en la música a partir del siglo XVIII. Sin embargo, si nos encanta  la música antigua habría que pensar en otro instrumento. El oboe tiene mucho recorrido histórico en la música clásica ya desde el siglo XVII pero, en cambio, al ser un instrumento que apenas ha evolucionado (el clarinete, la flauta y el fagot tuvieron una evolución bastante intensa en el s. XIX a través de la adición de llaves accesorias que les permitía abordar escalas y sonidos con mayor comodidad) no suele encontrar cabida en el Rock, Pop, Jazz y otras corrientes musicales del siglo XX. Si me gusta cantar y acompañarme posiblemente la guitarra sea una buena elección para música de Cantautores, Rock o Country, entre otros.

3.- ¿Ser únicos o tener competencia?

Esta puede no ser una pregunta importante si valoramos el aprendizaje de la música como mero placer pero si podría existir la posibilidad de hacer una carrera profesional en ello igual sí es algo que deberíamos tener en cuenta. Suele haber predilección generalizada por los instrumentos agudos de la orquesta, quizá porque son instrumentos manejables y transportables, quizá también por la tradición de una zona o una ciudad, sin embargo los instrumentos graves suelen contar con menos intérpretes y suele haber mejores oportunidades profesionales (o amateurs) para ellos como por ejemplo el fagot, el contrabajo, el violoncello o la tuba.

Por otra parte el número de intérpretes necesarios en una orquesta también es un elemento a tener en cuenta: hay 8 o 10 violines primeros y el mísmo número de violines segundos y en cambio sólo hay dos clarinetes.
Cada conjunto instrumental tiene sus propias características y habrá que valorarlo, la banda tiene su propia plantilla y las conclusiones serán diferentes. En la banda encontraremos entre 6 y 8 clarinetes por cuerda (clarinetes primeros, segundos y terceros).

Sería fantástico que existiera un “sombrero seleccionador”, como en Harry Potter” que al ponerlo en la cabeza de alguien dijera: “¡Violoncello!” pero desgraciadamente no es así.

Este artículo continuará en Cómo escoger un instrumento musical (II).

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